miércoles, 14 de junio de 2017

Monjas y otras historias: Cuarto acercamiento al ovni

Hace más o menos un mes vi Plan 9 del espacio exterior, película de ciencia ficción que tenía pendiente desde hacía bastante tiempo. Sabía que el metraje me gustaría, pero lo que no supe prever es que el cine de Ed Wood se convertiría en casi una obsesión para mi. Así pues, las semanas subsiguientes al fatídico hecho he podido disfrutar de gran parte de la producción que circula por Internet de este cineasta. En parte fue motivada por este hecho por lo que deseé encontrar y leer algo que despertara en mi el mismo grado de fascinación que esas maravillosas películas que nos legó el señor Edward Wood Jr. Y para mi la respuesta a esa necesidad literaria fue el bizarro.
Uno de los motivos de que escogiera Cuarto acercamiento al ovni para iniciarme en el bizarro fue porque había visto muy buenas opiniones respecto a la prosa bizarra de Tamara Romero. Entonces me dije: “¿Y por qué no entrar en este género con ella?”.  Además leí por encima una novela corta disponible en su página web que me predispuso a no observar sus historias con el recelo usual con el que analizo la mayoría de la literatura de este siglo. Creo que desde el preciso instante en el que me cercioré que en las historias de Tamara Romero podía encontrar algo de lo que mi mente demandaba a gritos, acepté la prosa de la autora como una puerta hacia una dimensión desconocida en la que podría acariciar los últimos vestigios de convertir sueños imposibles en ficciones maravillosas. Y, la verdad, sentirme en consonancia con los textos de una autora que no está muerta es bastante agradable.
En esta antología hay relatos de lo más variopintos, para mi uno de los puntos más positivos de la selección. Como yo no sé de qué manera se suelen acercar los lectores al bizarro voy a decir que, bajo mi criterio, esta antología supone un grato acercamiento que no dejará indiferente a los que busquen literatura contracultural muy gamberra. Tras terminarla y reflexionar sobre ello he podido comprobar que el bizarro toma de verdad barreras estéticas, morales y literarias,  juega con ellas hasta dominarlas para utilizarlas a su antojo, y es algo que me fascina. Para mi es, además, un género que funciona perfectamente en ambientes de lo más dispares y bajo atmósferas muy distintas. Un género tal vez más presente en el tono de una historia que en los elementos en si, que ojo, no digo que esos elementos carezcan de importancia en el bizarro. Según lo veo yo, la importancia de éstos en una historia bizarra reside con mayor fuerza en la disposición y en la presentación de ese elemento.  Pienso que los lectores usualmente solemos dar  más importancia al elemento en sí que a la forma en la que se nos sugiere, un aspecto que por lo menos en mi caso siempre he tomado como algo más secundario (que esto también depende de los criterios y gustos de cada quién, claro). En la weird fictionficción extraña, por hablar de un género que también busca esa fascinación en lo extraño (aunque de manera diferente al bizarro), las historias están sujetas a otras leyes, se busca presentar elementos "complejos" al entendimiento humano. La aparición de esos elementos alejados de lo cotidiano son los que en gran medida intentan cerrar una de estas atmósferas e intentan despertar como buenamente pueden una serie de sentimientos y sensaciones en el lector. Pero bueno, a lo que voy es que todas las historias weird que he leído se demandan a si mismas una serie de requisitos que las llevan a amoldarse a unos estándares mucho más tradicionales, tal vez porque su origen es bastante previo el bizarro y fue bajo otras condiciones. Pero el bizarro la ventaja que tiene es que se pasa por el forro los límites, y es lo fascinante, porque es lo que para mi da al género un potencial inconmensurable. 
En el primer relato de la antología, Sabia serpiente, somos partícipes de un hecho un tanto sórdido: alguien le ha vuelto a enviar a Vívica Philo un ramo de flores murciélago, elección floral un tanto extraña desde luego, el problema es que es el tercer ramo en lo que va de mes y otro tipo de presentes menos estrafalarios y preocupantes han llegado a sus manos. El relato, que en parte gira en torno al descubrimiento de quién es este stalker, me pareció bastante entretenido cuando lo leí, pero poco más. El caso es que conforme han avanzado los días y he ido pensando en Sabia serpiente de vez en cuando he sentido que mi opinión cambiaba lo suficiente como para valorar otra puntuación. A pesar de lo escabroso que resulta el tema principal del relato, la atmósfera, la situación y los personajes me transmitieron bastante cercanía en una segunda lectura, y para mi empatizar con una historia y sus personajes sabéis es crucial, y este relato lo logra. Una buena narración, sin lugar a dudas.
El siguiente relato es el que da nombre a la antología, Cuarto acercamiento al ovni, mucho más largo y más trabajado que Sabia serpiente, aunque los dos me gustaron prácticamente igual. El tema es que llega una nave alienígena a la Tierra, y tras sobrepasar las medidas de seguridad reglamentarias para la especie humana y las presentaciones interplanetarias pertinentes, un grupo de escritores de ciencia ficción son invitados a charlar con la representante alienígena en la nave para establecer relaciones más estrechas entre especies. Se trata de un relato muy curioso, imaginativo a rabiar. Objetivamente es el mejor de la antología por abordar en él distintas cuestiones, entre las más importantes la referida al género, aunque también los aspectos sociales y literarios son bastante relevantes. Lo que más me disfruté del relato fue la sociedad alienígena que nos describe Tamara a través de Norma Bento y el final, muy inquietante.
El tercer relato, El aeropuerto en el fin del mundo, fue un goce para los sentidos porque me dio bastante para pensar. Como el título indica, estamos ante los últimos días de la Tierra tal y como la conocemos. La joven protagonista va a pasar sus últimos días de vida con su novio antes de que un meteorito mande a la humanidad al cenagal de donde no debió de haber salido. Como el novio reside por razones de trabajo en otro país decide coger un vuelo y pasar sus últimos días junto a él en una cabaña perdida en Fortaleza. Pero en el aeropuerto, poco antes de embarcar, empiezan a suceder cosas muy muy rocambolescas. Me gustó bastante como la autora lleva el tema apocalíptico en esta historia, una temática que volverá a repetir en el último relato de la antología, Empieza por Z. Este ¿género? no es el que más disfruto, de hecho, no siento un ápice de interés por este tipo de historias, pero la atmósfera inquietante, la imagen de ese aeropuerto que intenta conservar la normalidad administrativa, las monjas con hábitos marrones que se pasean por allí e incluso los comportamientos que la protagonista desarrolla tras ciertos contactos en esa atmósfera fueron una combinación absolutamente maravillosa que me metió de pleno en la historia. Sin duda, no es un relato que resulte fácil de olvidar, y mi favorito después de Empieza por Z.
Modelo ajedrecistaPantocrator y Cabalatrix ha abandonado el edificio fueron para mi los más flojos de la antología. ¿Resultan interesantes? Sí. ¿Imaginativos? Mucho. Pero tanto el conflicto principal como la resolución me dejaron bastante fría en los tres casos. Si tuviera que elegir entre los tres me quedaba con Modelo ajedrecista porque aunque no me despertó mucho entusiasmo en mi si que me pareció muy curiosa esa peculiar congregación con la que se topa la protagonista a horas intempestivas de la noche. ¡No dormir es la mayor ventaja de la existencia! Pantocrator me pareció una historia curiosa, muy estilo a un creepypasta que circuló hace unos años por Internet sobre una artista japonesa que tras terminar una pintura se suicidó. Es un cuadro perfecto que presenta el rostro de una joven asiática con la supuesta pecurialidad si lo miras durante cierto tiempo parece que cambia. El relato ya digo, me pareció curioso pero no me despertó ningún entusiasmo. Por último con Calatrix ha abandonado el edificio me sucede lo mismo que con Pantocrator. Me parece un relato interesante, el tratamiento del tema cyborg muy bien llevado, pero para mi no llegó a cuajar. Igualmente los tres relatos me parecen muy por encima del nivel que lo que yo suelo exigir a cualquier relato.
Y Empieza por Z, que para mi es el mejor porque: es pura fantasía, hay monjas que están bastante mal de lo suyo y hay catapultas tirando mierda todavía humana, creo. El relato trata sobre eso prácticamente, monjas de clausura que están bajo unas condiciones físicas muy especiales y que viven en el convento de las Histéricas (es genial esta autora, en serio) al margen de una sociedad que las odia por ser como son, y ellas les tiran mierda en catapultas para defenderse. He de admitir que fue aquí cuando decidí que me leería hasta las listas de la compra de Tamara Romero, porque vamos, ¡qué maravilla! Es un relato que aunque no tiene la principal intención de inspirar ternura a mi fue lo que más me generó, en especial la hermana Celeste con sus zetas maníacas. Solo por este relato merece la pena lo que vale en físico y en digital la antología.
En conclusión, Cuarto acercamiento al ovni es una antología de relatos interesantísima que acuchilla el corazón amortajado de los freaks que vivimos en subsuelo. Tamara Romero domina sus narraciones y los elementos que la integran, crea ese tipo de historias peculiares y especiales que solo cobran verdadera vida bajo el influjo de un poder que a la mayoría de mortales-lectores nos es desconocido. Creo, y lo digo con todo mi corazón, que estas historias no serían ni la mitad de buenas si no las hubiese escrito ella
Nos vemos 💜.

martes, 30 de mayo de 2017

Comenzar a ser: Las ensoñaciones del paseante solitario















Si reviso mis recuerdos recientes puedo revivir a la perfección la tarde en la que fui a la biblioteca y volví con Las ensoñaciones del caminante solitario de Jean-Jacques Rousseau. Nos dirigíamos mi pareja y yo a devolver La llamada de lo salvaje y un texto político de Maquiavelo cuando le comenté mis impresiones mientras paseábamos tranquilamente por un barrio residencial con aire británico de clase media. Así pues le dije a mi compañero que, aunque la primavera siempre me provoca una sensación de hastío, la temperatura y el sol de media tarde de aquel día no me impedían apreciar cómo la vida primigenia iniciaba sus andaduras otro año más. Imaginaba aquel momento dilatándose en el tiempo porque, además del grato ambiente, no había muchos viandantes, y cuando callábamos, éramos capaces de escuchar el viento agitando los árboles de un bosquete cercano. Aquellos minutos para vosotros carecerán importancia, pero los sentimientos motivados durante aquel paseo para nosotros fueron indescriptibles.
Tras depositar los libros prestados en la mesa del bibliotecario fuimos juntos a curiosear algunas baldas para compartir, entre susurros, superfluos comentarios sobre obras que conocíamos, cuando un título llamo fervientemente mi atención. Por una simple asociación de ideas entre “ensoñaciones” y “solitario” supe que debía hojear esa «novela». ¡Todavía no había ni apreciado al autor! ¿Cómo saber que eran unas memorias? Me hallaba libre de prejuicios y decidida a buscar en el libro las observaciones de un hombre cuya vida se hallara cimentada en uno de los múltiples reductos de las realidades del sueño y busqué con desesperada ilusión la autoría de aquel humilde ejemplar. Quedé gratamente sorprendida de encontrar una pluma del siglo XVIII, y casi al mismo tiempo recordé que había estudiado la obra de Jean-Jacques Rousseau en alguna asignatura durante la educación secundaria obligatoria. Pero como todos mis conocimientos de aquella época, Rousseau se hallaba bajo el manto espectral de la ignorancia. Él constituía en mi memoria un paciente fallido más del sistema educativo español, lobotomizado y añadido un libro de texto prostituido al gobierno de turno. ¿Fue con Las ensoñaciones... entre mis manos el instante que decidí iniciar seriamente un método educativo autodidacta y aspirar a tener opiniones propias? Tal vez Rousseau fue una pequeña gota en dicha decisión, sin embargo, fue cuando percibí de forma mucho más consciente el cambio operado, y en aquel preciso instante sentí ira contra todo el género humano, incluyendo mi persona. Estaba encolerizada porque había un caballero cuya obra debía conocer desde hacia años pero mi mente estaba completamente en blanco cuando pensaba en este hombre y su contexto. Una profunda sensación de repugnancia se implantó en mi estomago ante esa certeza, cada vez mayor. Era consciente de que todo un sistema educativo decadente se había burlado de mi a lo largo de mi corta existencia, y su broma pesada tenía más inquina de la que años atrás había percibido. ¿Cómo negarse a seguir constituyendo el objeto de su broma pesada? Me lleve Las ensoñaciones... a mi casa deseado algo que no sabría muy bien como definir.
Las ensoñaciones del paseante solitario están divididas en un total de diez capítulos que él denomina paseos, en los que Rousseau se limita a relatar sus caminatas, rememorar las reflexiones sugeridas durante sus salidas y a divagar con la perspectiva que solo la ancianidad dota sobre todas las cosas. Seguido de los paseos hay fragmentos de diversas cartas colocados a modo de aforismos y, por último, una miscelánea de textos, más una entrevista realizada a Jean-Jacques por Bernardin de Sant-Pierre.
Cuanto más profunda es la soledad en la que vivo, tanto más necesario es que algún objeto rellene ese vacío, y aquellos que mi corazón me prohíbe o que mi memoria rechaza son suplidos por las producciones espontáneas de la tierra, no forzada por los hombres, ofrece a mis ojos por doquier” Pág. 120. 

Durante el primer paseo Rousseau muestra su cristalina intención con las ensoñaciones. Pretende hablar de lo que acontecido después de que los intelectuales de la época (Diderot, Voltaire, d'Alembert...) le dieran la espalda. Así, nos hallamos ante dos niveles de lectura: expositivo, en cuanto a los hechos; redentor, en cuanto a los sentimientos implícitos en la redacción de éstos. Mauro Armiño, el traductor usual de obra de Rousseau editada por Alianza, hace en la introducción un interesante apunte en cuanto al carácter de las ensoñaciones roussenianas: “Y este ser lleno de fobias, de revueltas casi animales, instintivas, de delicadezas dominadas sólo por la impresión, por la sensación, ¿coincide con el hombre ilustrado?”. Realmente en el corpus literario de Rousseau hay una contraprosición, cuanto menos curiosa, de estilos y finalidad. Podemos distinguir dos visiones en él: ilustrada y prerromántica. La visión ilustrada domina por completo en su juventud, en los momentos más públicos e influyentes de su vida, mientras que la prerromántica surge en el ocaso, producto del aislamiento social entre otras cuestiones. En las ensoñaciones abandona cualquier aportación a la causa ilustrada y se aleja del acto de escribir para un público. Jean-Jacques busca en este instante conocerse a si mismo, pues «sentir» ya no se le antoja un acto ajeno. No busca dar una explicación racional a la congoja que le produce encontrarse espiritualmente a cientos de kilómetros del género humano, ni tiene intención de disculparse por la compasión que le inspira su pobre alma atormentada. «Al querer recordar tantas dulces ensoñaciones, en lugar de escribirlas volvía a caer en ellas», asegura Rousseau en este extraño duermevela. 
En su primera ensoñación ante todo prevalece la compasión que siente hacia si mismo, una constante que tendremos presente de una forma u otra en cualquiera de sus paseos, pero aquí, en el primero, donde más. Bajo un aparente rechazo de aquellos que tenía en alta estima en su madurez aparece una una necesidad de explicaciones, una demanda superior al control de las emociones; necesita, sin ser consciente, una exhortación por parte de sus nuevos enemigos para cesar la anulación que lo está consumiendo. Durante el segundo paseo domina la reflexión sobre la idea de soledad, convulsionada por un accidente, pero el sentimiento redentor sigue sin desaparecer, es más, parece hacerse acrecentarse. A veces me daba la sensación de que en cualquier momento explotaría, que Jean-Jacques diría lo que con dificultad escondía tras los manierismos y formulas dieciochescas. Pero, de pronto, cambia de tema. No quiere manchar con su corrupción a ningún ser inocente. Entonces es cuando el hastío hacia los seres humanos, en concreto hacia aquellos que intentan aprovecharse de él, domina la escena hasta el final de este ensoñación. En el tercer paseo Rousseau abre con cita de Solón, muy significativa porque nos deja claro que, aunque viejo, ahora es cuando realmente está aprendiendo a ser. Llegar a «ser» se transforma en el eje de todas las ensoñaciones porque, como decía antes, ahora es cuando Rousseau está aprendiendo a sentir, y ello lo lleva a revivir su juventud. Esta ensoñación esta dedicada casi exclusivamente a reflexionar sobre sus primeros años, y a ser crítico con las opiniones impresas de aquel periodo (también hace esta revisión, aunque de forma mucho más profunda, en los Diálogos y en Las Confesiones). El último párrafo cierra con otra mención hacia Solón revestida de una profunda admiración hacia su legado, que él se ve incapaz de equiparar, al mismo tiempo que confiesa que lo que busca es algo distinto a Solón. Anhela descubrir la virtud, y cree que es capaz de hacerlo a expensas de la sociedad. Por último, se cuida de que cada paso hacia este objetivo le acompañe un sentimiento de humildad, no el orgullo. En el cuarto paseo Rousseau reflexiona sobre la mentira y la verdad, con las que, a mi parecer, intenta justificar parte de sus malas acciones pasadas. La «buena» mentira tiene para Rousseau la intención de evitar el hastío al individuo, al igual que avivar y colorear los hechos, transformándolos en auténticas ficciones. ¿Y a caso no todos hemos obrado en alguna ocasión de estas maneras? 
Todo cambia en torno nuestro. Cambiamos nosotros mismos y nadie puede asegurar que mañana amará lo que hoy ama. Por eso todos nuestros proyectos de felicidad para esta vida son quimeras. Aprovechemos el contento del espíritu cuando viene; guardémonos de alejarlo por culpa nuestra, pero no hagamos proyectos para encadenarlo, porque esos proyectos son pura locura. He visto pocos hombres felices, quizá ninguno; pero con frecuencia he visto corazones contentos, y de todas las cosas que me han sorprendido ésta es la que más me ha contentado a mí mismo” Pág. 138.

Tras el cuarto paseo la naturaleza irrumpe en la escena, convirtiendo unas interesantes memorias de calidad incuestionable en un texto todavía más remarcable. Rousseau ya no se limita a hablar únicamente de aquello que le aflige sino también de lo que ama, y la unión de ambas cosas, combinadas con una conciencia más real del entorno gracias a esta delicada unión con la naturaleza, hace de las últimas cinco piezas textos con una belleza descriptiva y sensitiva, a mi parecer, equiparable a ningún escritor dieciochesco. Lo que Rousseau realiza en poco más de cincuenta páginas es imprimir su ser junto con su alma, ya anciana, y decirse a si mismo que no puede ser más de lo que es, que tiene limitaciones, pero que ha aprendido a valorarlas en su justa medida gracias a la botánica y a los paseos con los que ha anestesiado el padecimiento, reemplazándolo por la modesta alegría que le produce el análisis de la naturaleza y la música. Me sentí muy identificada en cada palabra de estas ensoñaciones.
Las plantas parecen haber sido sembradas con profusión sobre la tierra, como las estrellas en el cielo, para invitar al hombre por el atractivo del placer de la curiosidad al estudio de la naturaleza; pero los astros están colocados lejos de nosotros; se necesitan conocimientos preliminares, instrumentos, máquinas, larguísimas escalas para alcanzarlos y acercarlos a nuestro alcance. Las plantas lo estan, naturalmente. Nacen bajo nuestros pies y en nuestras manos por así decir, y si la pequeñez de sus partes esenciales las esconde a simple vista, los instrumentos que nos las hacen patentes son de uso mucho más fácil que los de la astronomía. La botánica es el estudio de un ocioso y de un perezoso solitario: un pico y una lupa son todo el instrumental que se necesita para observarlas” Pág. 119.

El flujo y el reflujo de aquel agua, su ruido continuo pero acentuado a intervalos, golpeando sin descanso mi oído y mis ojos, suplían los movimientos internos que la ensoñación extinguía e mi y bastaban para hacerme sentir con placer mi existencia, sin tomarme el trabajo de pensar. De vez en cuando nacía alguna débil y breve reflexión obre la inestabilidad de las cosas de este mundo, cuya imagen me ofrecía la superficie de las aguas; pero pronto esas ligeras impresiones se borraban en la uniformidad del movimiento continuo que me acunaba y que, sin ningún concurso activo de mi alma, me retenía hasta el punto de que, llamado por la hora y por la señal convenida, no podía arrancarme de allí sin esfuerzo” Pág. 90.

Así terminamos esta obra preguntándonos cuál fue el verdadero Rousseau, si el hombre que defendía a capa y espada el espíritu colectivo, es decir, el entusiasta ilustrado, o aquel caballero que buscó dentro de su ser y encontró la paz que necesitaba para acabar sus días de la manera menos miserable que los medios que tenía a su alcance le permitían. ¿Era este último solo un personaje creado para que la sociedad no lo tuviera como un ser envilecido por la frivolidad de la sociedad francesa del siglo XVIII? Para mi no es justo ni moral opinar sobre actos concretos de la vida de los demás, y menos de aquellos que no están despiertos en el mundo vigil y que guardo en alta estima por diferentes cuestiones, por eso no voy a empezar a llevar a cabo ese tipo de acciones ahora. Tan solo me limito a lanzar esta pregunta para aquel lectur que  si ha llegado hasta este punto de la reseña se pueda cuestionar si merece la pena responder a esa pregunta. ¿Realmente es necesario leer estas memorias pensando que son las ficciones de un hombre anciano? ¿De verdad buscar una respuesta simple para resumir una cuestión compleja es lo acertado siempre? ¿Por qué no confiar en que lo que dice Rousseau es cierto, simplemente porque él lo escribió con todo lo vivo que aún residía dentro de él?
¿Y cómo se puede llamar felicidad a un estado fugaz que nos deja el corazón inquieto y vacío, que nos hace añorar alguna cosa anterior, o desear alguna futura?” Pág. 91. 

Por mi parte, poco más que añadir a esta pequeña reseña de una obra titánica como son Las ensoñaciones del paseante solitario. Lo único que quiero dejar completamente claro es que no puedo analizar esta obra de Rousseau sin desvelar cosas que os pertenece a vosotros descubrir, sonreíros, conmoveros y apreciar. Hay mucho cariño puesto en las ensoñaciones, tanto por el traductor, Mauro Armiño, como por el propio autor. La dulzura que emana la entrevista final realizada por el noble Bernardin constituye el broche perfecto para una vida que, con sus faltas y altibajos, no podemos tildar inmemorable. Gracias, Jean-Jacques, por enseñarme a comprender lo que tú ya sabes.
Te quiero, viejuno.
Es la naturaleza la que curadecíano los hombres. En las enfermedades internas se ponía a dieta y quería estar solo, pretendiendo que entonces el reposo y la soledad eran tan necesarios al cuerpo como al alma” Pág. 209. 

Nos vemos💜.

domingo, 30 de abril de 2017

Hablemos de El cuento de la criada (01x01-01x03) ······CON SPOILERS······



El cuento de la criada de Margaret Atwood fue una de mis mejores lecturas de 2015, y a día de hoy sigue constituyendo una de mis novelas favoritas. Por aquel entonces resultaba poco probable que se hiciera una adaptación a la gran pantalla, porque de hecho ya había una. Sin embargo, en este mundo a veces acontece alguna serendipia, y a finales de 2016 nos dieron la maravillosa noticia de que habría serie de dos novelas de la señora Atwood: El cuento de la criada y Alias Grace. Ante esta perspectiva, y conociéndome, fui cautelosa y me mantuve alejada de cualquier noticia o avance (a excepción del tráiler final) de la adaptación de El cuento de la criada. En incontables ocasiones me ha sucedido que por ir con exacerbada ilusión a ver una obra producida en este siglo he acabado cayendo en una sensación de decepción, y no quería que éste fuera el caso.
Así que llegamos a la noche del 26 de abril, en la que caliento la pizza de jamón york y queso en el microondas y me dispongo a cenar mientras veo el primer capítulo de El cuento de la criada con mi compañero. Francamente, estaba nerviosa. No porque no confiara en el elenco, sino porque no sabía muy bien si estaba capacitada para ver la traslación de ciertas imágenes del libro a la pequeña pantalla. Aquello ya no iban a ser escenas sugeridas por mi imaginación mientras leía, moldeables para que el impacto fuera menor. Ahora debía enfrentarme con una versión de la novela que no era la mía, ni la original de la autora. Era la adaptación de Margaret Atwood, Reed Morano, Bruce Miller e Ilene Chaiken. La serie tenía un poder sensitivo sobre mi que no podía controlar ni evitar; las emociones se desbordaban por doquier.
Para aquellos que se hayan aventurado a averiguar mis primeras impresiones sin temor a conocer información por anticipado porque no saben mucho de qué trata la novela o la serie, voy a hacer una breve sinopsis sin destripar nada relevante de la trama. Más abajo hablaré de cada capítulo largo y tendido sin cortarme un pelo.

En un futuro inmediato, Estados Unidos ha caído bajo una dictadura facista fundamentalista cristiana que retorna, hasta cierto punto, a los valores puritanos más tradicionales. La sociedad ha quedado dividida, y podemos distinguir en ella dos grandes grupos: amos y siervos. Por una parte está la élite del país, los Comandantes, principales ejecutores de los poderes políticos y controlar la economía. Pero para que estos hombres blancos puedan mantener ese rango en la sociedad hay detrás toda una organización jerarquizada por ellos mismos, donde podemos distinguir cuatro clases sociales: Esposas, Obreros, Marthas y Criadas. Las Esposas cumplen la función de regir el hogar, el resto de sus obligaciones son cuasi decorativas; los obreros trabajan para los Comandantes, sin posibilidad de renunciar al puesto que se les ha asignado; las Marthas son las encargadas de las tareas domésticas más laboriosas, como limpiar y cocinar; y por último las Criadas, cuya función es dar a luz a los hijos de los Comandantes que estén casados con una esposa estéril. Defred, el personaje principal, es una de esas Criadas. Desde hace dos años vive con uno de los Comandantes más influyentes del país, y a través de los episodios echaremos un vistazo a su vida antes y después de la implantación del régimen totalitario.
La historia comienza de forma sugerente mediante la persecución de una familia. No sabemos por qué está sucediendo todo aquello, y por eso centramos nuestra atención en lo que acontece. Es usual el empleo de esta técnica para mantener la atención del espectador desde un primer momento, así que durante el segundo revisionado me fije más en otros elementos que me gusta desentrañar a posteriori. Uno de ellos es el empleo de ciertos aspectos ajenos a la interpretación de los actores para darnos una intuición de lo que está sucediendo o puede suceder; en otras palabras, me centro en el escenario. Nada en esta serie está colocado de una determinada manera porque sí, que eso os quede claro. Massachusetts, lugar en el que se desarrolla toda la serie (y el libro) es una zona poblada de verdura fruto de su maravilloso clima atlántico. Y, sin embargo, el bosque nos muestra su desnudez invernal, ¡qué extraño! Árboles secos, el suelo bañado por hojas muertas y la ausencia total de vida animal. Todos estos elementos forman parte de la atmósfera que se pretende recrear, pero la tensión impresa el silencio pardo y la tristeza que desprenden los colores elegidos dotan a la escena de sensaciones fácilmente perceptibles para el espectador, y no sabéis hasta que punto esto es complejo de lograr esto en cualquier producto visual (o sí, los que estáis en el gremio). Los personajes y el escenario son armónicos porque los primeros transmiten sus sentimientos valiéndose de ese escenario como proyector. En un libro tan introspectivo como es El cuento de la criada me parece obligatorio que la interacción del entorno con los personajes sea armónica, y la serie mima bastante la escenografía porque han cavilado esa posiblidad que yo convierto en una obligación en una historia de este calibre. La armonicidad entorno-personajes vuelve a ser perfecta en las escenas más relevantes de la trama, como dentro la casa del Comandante Waterford, a la que Defred es asignada como Criada, e incluso cuando Defred y Deglen pasean hasta el supermercado, y de vuelta a casa cerca del río. El clima ayuda en gran medida a definir el estado de ánimo de los personajes en una escena, que también es una técnica bastante empleada en el cine. Pero tanto dentro de la casa de Waterford como en las calles residenciales de Cambridge (Massachusetts) hay toda una paleta de colores fríos y oscuros cuya interacción con los personajes es perfecta. Además el efecto que causa se acentúa mucho más gracias a los claroscuros, como los que abundan por los pasillos y habitaciones de la casa del Comandante, o bien gracias a las sombras generadas por las arboledas de las zonas residenciales. Cerca del río, donde más información sobre sus vidas pasadas comparten Defred y Deglen, predomina la luz, que puede contener cierta ambigüedad. La verdad se presenta “al desnudo”, y es más fácil que los Espías puedan ver aquel acto réprobo que llevan a cabo dos mujeres al hablar del mundo antes de Gilead. Vuelvo a repetir, ya para acabar con este punto, que la escenografía está muy estudiada, y que nada está colocado de una determinada manera porque sí, sino que conforma un conjunto de detalles que ayuda a que veamos más claramente las complejas psiques de los personajes.

Y a eso vamos porque, veréis, la introducción de los personajes es muy natural y no ocupa siquiera todo el primer episodio, un aspecto de la trama que agradezco bastante. Casi al instante de presentarnos a los personajes sabemos que no son lo que aparentan ser, pero que al mismo tiempo sí son lo que el régimen facista-fundamentalista ha dictado que sean. Esta introducción de personajes que a la mayoría de series actuales les lleva entre dos y cuatro capítulos, El cuento de la criada lo hace en uno.
Uno de los personajes que más ganas tenía de ver cómo representaban era el Comandante Waterford, ya que como muchos hombres aseguran que los personajes masculinos en esta novela se limitan a ser esbozos, y quería cerciorarme si en la serie continuarían quejándose o qué estos tipos. El comandante sigue el mismo rol en la novela, es todo lo que se espera de él y de su posición, pero sorprende que sea algo más que un hombre influyente, y que oculte algún sentimiento prohibido bajo su rol. En la serie vemos este aspecto a partir de tercer episodio, cuando le pide a Defred que vaya a su despacho a jugar al scrabble. Hablaré en profundidad de la evolución de los personajes más adelante, en concreto de este hombre y sus acciones, pero ya digo que no siento ningún tipo de aprecio o misericordia por el comandante Waterford. Es cierto que no deja de ser un animal domesticado por un sistema neonato, pero es un hombre (blanco) privilegiado que sabe muy bien qué gana al fingir parte de su domesticación, que utiliza para acumular beneficios, los cuales solo le son reportados gracias a su ventajosa posición en la sociedad. Vamos, como sucede actualmente sin la implantación de un régimen facista.
El maravilloso papel de Elisabeth Moss es uno de los mayores regalos visuales que ha proporcionado este siglo, pues resulta un personaje en construcción que me veo incapaz de calificar con adjetivos comunes. Es una luchadora, sí, pero no siempre se mantiene en pie. Es valiente por aguantar y no enloquecer, sí, pero no siempre la valentía está presente, y mucho menos la cordura impera en todos los momentos de su existencia en esta sociedad. El personaje tiene un nivel de complejidad brutal, y como he dicho más arriba, es todo lo que su rol y la sociedad le dicta que sea, tanto por fuera como por dentro. Pero una parte de su yo anterior sobrevive a ese lavado de cerebro por su familia, y al contrario de lo que suele suceder, la familia no viene representada de forma casi idealizada. Los flashbacks están introducidos por una razón que va más allá de una necesidad acuciante de explicar al espectador por qué un personaje es de tal manera. En la vida anterior de June no todo era resplandeciente, también había peleas con Luke y Moira, sumadas al miedo por como el mundo parece derrumbarse con más velocidad cada día. También coexiste junto con estos ingratos sentimientos mucha alegría y esperanza, que ahora aparecen revestidas de melancolía. Como ya digo, nada de la que nos presentan mediante los flashbacks parece irreal o vacío, y es con lo que principalmente me quedo.

Hay otros personajes especialmente potenciales que me gustaría ver con más profundidad en próximos episodios: Deglen, después de la “Redención”, que no es otra cosa que una ablación; Moira, la cual nos informan que ha sido llevada a las Colonias, y no es así; y el chófer de Waterford, que como muchos otros hombres aseguran cuando leyeron el libro, se queda en un esbozo... Y yo que me alegro, pero verás, tu opinión condicionada por aspectos que calificas de “hembristas” me importa bastante poco.
Paso a comentar las escenas que más me han impresionado de estos tres episodios. En el primero ya hay suficientes como para hacer una entrad respecto a estas, pero la principal es cuando les están lavando el cerebro a todas las futuras Criadas en el Cuartel Rojo. Una victima de violación cuenta su testimonio y todas le atribuyen la culpa. Es una escena cruel, repulsiva hasta límites indescriptibles, pero nos da una ligera idea de por dónde van a ir los tiros en los siguientes episodios. Y hay un cameo de Margaret Atwood como educadora, lo cual también me gustó bastante. La escena de sexo con el comandante, la llamada Ceremonia, es bastante fuertecita, aunque me esperaba que la metieran en el primer episodio. Respecto al segundo me gustó mucho toda la parte del parto de una Criada llamada Janine. Tiene escenas muy hermosas, y otras que motivan diferentes sentimientos, en especial repugnancia, como cuando le quitan la hija a Janine. Lo que sucede después me pareció muy hermoso, el momento en que todas se juntan para abrazarla; es mi escena favorita de los tres episodios que he visto. En el tercer episodio la escena en la que cuelgan a la Martha me dejó bastante tocada, y me hizo reflexionar en qué situación vive la mujer actualmente, y si media tanta distancia entre lo que es ahora y que nos cuelguen por un delito menor. La sociedad ya está resquebrajada.

Que El cuento de la criada suceda en Nueva Inglaterra hace que mi opinión sea un poco más parcial, pero es algo que no puedo evitar. Cuando estoy viendo la serie mi mente dice: “Esto está sucediendo en ese lugar que tanto amas, en sus calles, y a esa gente cuyos valores tanto te representan actualmente. Esto podría darse y no podrías evitarlo; esto podría sucederte”. Sí, la serie juega mucho con las emociones, en especial la empatía, ese sentimiento que los humanos cada día brindamos en menor cantidad a nuestros congéneres. Y no me importa, porque soy consciente de que la serie busca la empatía a distintos niveles. Da visibilidad a actrices que pertenecen a grupos oprimidos, aspecto al que estoy inmensamente agradecida; las mujeres tienen una perspectiva feminista de su situación incluso en un mundo en el que esto se considera un motivo para mandarte a las Colonias. Los actos feministas que tienen entre ellas son parte de las conductas en las que un hombre, por mucho que se esfuerce, no puede reparar; esto es gracias a que la serie está hecha casi totalmente por mujeres, como ya era hora. El cuento de la criada busca la empatía sobre todo porque es un recurso con el que pueden hacer que los espectadores se planteen cuestiones más allá de su zona de confort. Y no me importa que den pie a que esto suceda, porque no están jugando en ningún momento con mis sentimientos de una manera frívola como otros productos de este siglo y del pasado.
No oiréis mucho hablar de la adaptación de El cuento de la criada, al menos no tanto como otras adaptaciones. Por desgracia no va dirigida al mismo público, pero a cualquiera de mis seguidores no le niego que merece la pena vuestro tiempo, que es maravillosa, que os hará pensar y que os destrozará porque veréis un reflejo de nuestra realidad actual.
Y esto es todo por ahora.
Sé que todo esto os debe parecer muy raro. Pero lo normal es aquello a lo que nos acostumbramos. Puede que esto no os parezca normal ahora mismo, pero acabará siéndolo. Esto se convertirá en lo normal”. Tía Lydia, episodio 1.

Nos vemos 💜.

viernes, 21 de abril de 2017

Recomendaciones para el Día del Libro 2017















A dos días del Día del Libro me gustaría hacer algunas recomendaciones un poco más variadas que el año anterior. Eso sí, antes que nada me gustaría que disculpáseis mi ausencia en el blog durante todo abril, ya que no ha sido causada por falta de tiempo sino que me encuentro en una profunda mejora de mis habilidades artísticas, lo cual a mi criterio es más prioritario que realizar entradas en el blog, que aportan bastante poco a vuestra reflexión, y que siempre están manchadas de un indiscutible tono amateur. Tampoco he dejado de leer en el proceso, y no os voy a ocultar que ahora estoy inmersa en lecturas que no creo que sean demasiado ilustrativas o interesantes para el público generalista, aunque tampoco es que mi espacio se haya orientado alguna vez hacia este target... y por ello obraré tal cual me parezca, como siempre hago vamos.
En fin, necesito lo que estoy leyendo para mejorar la calidad de mis escritos públicos y privados, para conocerme mejor a mi misma y aportar algo como individuo antes del fin de mi existencia. No voy a negar que este es un acto puramente egoísta, pero para mi ahora es imprescindible adquirir la base filosófica que la educación española no me ha sabido proporcionar. Además, dentro del materialismo, que es la corriente de pensamiento que considero más próxima a mi, hay tantas variantes que abrazarlo entero es como dejar que un gorrón cualquiera se siente en mi mesa a comer de mi plato, ya frugal de por si. Así que expuestas las razones de mis ausencias, y sin más preámbulos, iniciemos este desfile de recomendaciones literarias.













ENSAYO···FÁBULA···MEMORIAS  
Primavera Silenciosa es un breve e importante estudio sobre el impacto de los pesticidas a lo largo de Estados Unidos durante la década posterior a la Segunda Guerra Mundial que no creo que pueda dejar a nadie indiferente. Es cierto que de primeras puede parecer un aburrido ensayo plagado de información técnica que requiera un mínimo de química y biología; nada más lejos de la realidad. Rachel Carson toma como leitmotiv el impacto de los contaminantes inorgánicos, pero no es lo único de lo que habla en Primavera Silenciosa. En las paginas de su texto más afamado deja translucir el profundo desazón que le produce que los seres humanos reduzcan al resto de las especies y sus nichos a meros mecanismos que tienen la función de servir al hombre en sus distintas actividades y, de paso, también hay alguna que otra reflexión sobre la posición del ser humano en la naturaleza muy interesante. Primavera Silenciosa es un texto maravilloso que recomiendo a cualquier persona que sienta un mínimo de inquietud hacia cómo comenzar a tomar conciencia de lo maravillosa que es la naturaleza que nos rodea, y cuan poco la sabemos apreciar.
El viento en los sauces fue la última gran fábula escrita a mi criterio. Se han publicado muchas novela protagonizadas por animales en la modernidad, pero ninguna ha logrado equiparar esta humilde historia, tal vez por eso, por su humildad. Las fábulas contienen un elemento moralizador el cual el lector puede comprender a través de una o una serie de situaciones protagonizadas por unas criaturas que adoptan cualidades humanas sin perder la originaria. Por eso vemos animales u objetos que se comunican a usanza humana pero que físicamente son iguales a sus congéneres más allá de las ficciones. El viento en los sauces no es una novela donde suceda algo realmente, sino que conocemos de cerca la existencia de unos animales que llevan vidas austeras y solitarias, cada cual en su domus y con los problemas cotidianos de siempre. Una serie de sucesos interconectados por una importante decisión que toma Topo en la primavera los lleva a juntarse y a formar una amistad imperecedera. ¿Es El viento en los sauces una novela infantil? Sí, ¿y? Es una novela tan sensible, con tantos niveles de lectura y temas, que jamás pierde profundidad. 
Las ensoñaciones del paseante solitario es último libro que he leído este año, y resultaría mezquino no ponerlo en esta lista después de las sensaciones que me ha dejado. Las ensoñaciones... pertenece al grupo de esas pequeñas joyas que pasan desapercibido en el panorama literario por alguna razón que me esfuerzo en desconocer. Rousseau no solo no es el hombre que yo imaginaba a través de mi libro de historia de educación secundaria obligatoria y bachillerato, sino que además resulta ser un caballero interesante, con un millón de contradicciones y preguntas flotando incesantemente en su mente, un hombre honesto y, sobre todo, auténtico y apasionado. Cometió actos réprobos en su vida, y de algunos de ellos habla en sus ensoñaciones, pero lo más relevante de estas memorias es el mensaje, y cómo el ostracismo social comenzó afectando drásticamente la existencia de Rousseau y cómo, poco a poco, aprendió a vivir y amar la soledad a la que lo habían condenado, hasta el punto de desearla como una compañera más, junto a su eterna amante, la botánica. Estas memorias que escribió para él mismo constituyen un documento íntimo, intenso, lacerante y revelador que recomiendo a cualquier lector con cierto bagaje literario. 










NOVELA···RELATO
Una de las cosas que más detesto que suceda en la literatura es que la obra de Ann Ward Radcliffe esté minusvalorada hasta el punto de que sea considerada una autora de segunda. Por eso este año revindico su labor en la literatura recomendando la mejor novela que he leído de ella hasta la fecha, El italiano. Con un aire a tragedia shakesperiana, Radcliffe narra la historia de Ellena Di Rosalba y Vicentio Di Vivaldi, dos jóvenes napolitanos enamorados pero separados por la fortuna e intereses de la esposa del marqués Di Vivaldi. En la búsqueda de un subterfugio por el que los amantes puedan escapar de sus respectivas miserias y unirse en santo matrimonio, descubrirán que un monje pérfido mueve los hilos de la mente de la marquesa y del destino de la joven Di Rosalba más de cerca de lo que los jóvenes imaginaban. Es una de las novelas que he leído mejor escritas a distintos niveles, y el antagonista podría estar en mi top de villanos favoritos de la literatura perfectamente.
Con la siguiente recomendación hago un poco de trampa porque, veréis, no se publica hasta finales de mayo. ¿Pero qué hay de aquellos lectores que nos hemos gastado el dinero ya por anticipado? Algunos que, solo una vez al mes, podemos permitirnos un libro de segunda mano y que hacemos verdaderos esfuerzos por comprar uno nuevo de vez en cuando. Pero la causa lo vale, porque La colina de los sueños es una de las novelas más bonitas que he leído. Fue mi primera historia de Machen y todavía recuerdo ciertas sensaciones residuales que dejó tras de si la lectura. Porque otros habían convulsionado mi mundo, pero Machen hizo que ese cambio tuviese un porqué. Así, La colina de los sueños trata sobre la existencia de un joven llamado Lucian que desde pequeño muestra una clara preferencia hacia la cultura clásica de una manera tan excelsa que acaba creando su propia tierra mágica, una ciudadela romana. Pero no es si no una mujer la que años después le inspira a dar forma al mundo a caballo entre la realidad y el sueño, la humilde Annie, de la que Lucian cae profundamente enamorado. Yo solo espero que alguien se guarde el dinero para La colina de los sueños en mayo, porque de verdad vale la pena, y más con Valdemar.  
Por último recomiendo uno de mis relatos favoritos de terror, escrito por Mary Wilkins Freeman. El argumento es sencillo: algo parece suceder a los allegados de Luella Miller, y todos terminan muriendo por razones muy concretas. No puedo desvelar más pero Freeman esboza en su relato un argumento interesante y hasta cierto punto rompedor, creando atmósferas sobresalientes en medio de la Nueva Inglaterra rural de principios del XX. El relato lo podéis encontrar en español en la antología Vampiras, pero en inglés también os digo que es muy asequible y anda por ahí en una edición ilustrada preciosa.
Nos vemos, y no compréis demasiado 💜 .