domingo, 24 de septiembre de 2017

La hija del espantapájaros









Hace tiempo que tenía el ojo echado a esta novela infantil gracias a Xanetia, una mujer increíble que tiene un canal en Youtube que recomiendo bastante visitar si os gusta la literatura juvenil. Pues bien, a finales de agosto me apetecía una lectura más amable y recordé que Xane había recomendado esta novela el año pasado en uno de sus vídeos. Y no puedo estar más de acuerdo con ella respecto a la opinión que guarda sobre este libro de su infancia. Es una novela tan fascinante que lo único que deseas después de terminarla es releerla, una y otra vez, y descubrir CÓMO María Gripe nos regaló una historia tan bonita dentro de un contexto digno de un extenso análisis.
Y es que la escritora sueca tiene una producción literaria que invita a la lectura sin a penas saber de qué va una historia, y tengo la sensación de que tras una historia tan fascinante se esconde una mente aún más. En el caso de La hija del espantapájaros es cierto que iba bastante informada sobre qué podía encontrar, pero eso no evitó que la historia superara con creces mis expectativas.
Gripe nos plantea un peculiar conflicto que recuerda a un cuento de hadas bajo el influjo del mundo actual. Una madre marcha a Estados Unidos en busca de fortuna, o al menos mejorar el estatus económico de su familia. Al mismo tiempo que toma una actitud emprendedora también toma una decisión bastante nefasta: deja a sus tres hijos en Suecia a cargo de la mayor de estos, una niña que a penas tiene doce años. Esa cría desquiciante, terca y orgullosa se llama Loella, y es bastante difícil no enamorarse de ella y su infantilidad. En muchas novelas he encontrado crío más maduros que yo, y hasta cierto punto se puede justificar. Una mirada completamente adulta es imposible en un niño de doce años. Loella es muy madura para su edad, claro, ¿cómo no serlo cuando pasas hambre y frío en un entorno lejos de los seres humanos? Es difícil no madurar bajo experiencias así. Pero Loella tiene la reacciones normales de una niña de doce años, y eso me encanta. Además, intenta solucionar los problemas como una niña de doce años mediante esa inocencia incorrupta que la vida aún no nos ha arrebatado, y eso es hermoso, porque Gripe tal vez nos muestra sin pretenderlo en qué nos hemos convertido los adultos. ¿En qué nos hemos convertido, Dios mío?
Hay escenarios dignos de la mejor novela gótica moderna. Loella subida al tejado, imponente, descrita como un cuervo misterioso bajo el cielo invernal; Loella esperando a su padre en el puerto la noche de Walpurguis envuelta en la niebla. Y desde luego más detalles por los que considero La hija del espantapájaros una novela gótica. Personajes extraños, como el ermitaño que vive un poco más lejos que Loella. ¡Y la mismísima Loella, por favor! Ah, y no olvidemos la relación afectiva que Loella establece con un espantapájaros, porque aquí se toca de refilón tema sobrenatural. Que la historia fuera escrita por una persona que pertenecía a un país sin una tradición de novela gótica como tal no quiere decir absolutamente nada para mi.
Entre los aspectos más curiosos de la novela está la relación que tiene la hija con los padres. En bastantes ocasiones me sentí identificada con lo que la cría pensaba, porque era lo mismo que a veces me sugería mi imaginación a su edad. Me gustaría haberle preguntado a Gripe por qué la figura de la madre aparece tan desdibujada, y en cambio la del padre cobra una importancia gradual en la trama. La relación que mantiene Loella con la madre la he tomado en un sentido mucho más metafórico que literal. Cada vez que Loella adquiere madurez para el papel que desempeña en su hogar, mayores son los sentimientos negativos que le inspira su madre. Siente a su madre como un ser egoísta incapaz de escribir para ver qué tal andan sus tres hijos. Loella está sometida a un deceso sentimental, y parece un tema tabú, pero hay niños que se sienten así al comprender que para sus padres no son nada. Aunque demuestren atenciones materiales descuidan en gran medida las emocionales. Criamos niños que solo buscan satisfacer sus necesidades físicas y emocionales en los actos materiales, y ya ni siquiera les damos oportunidad de ser inocentes y hallar arrobo en el amor. Loella reemplaza la alegría por una melancolía, ajada por la tristeza, cada vez más presente en cada acto de su existencia a causa del abandono emocional de su madre. Por eso es lo que decía de tomar el alejamiento de la madre como algo más metafórico. Del padre, bueno, ni hablemos. Loella no conoce a su padre, y la primera información que recibe de él viene por la mejor amiga de su madre. Esa pequeña e insignificante información se convierte en una esperanza, una esperanza de remitir el dolor, la soledad y el abandono. En consecuencia, Loella inventa una fantasía que inspira ternura y empatía. ¡Ay, querida Loella! Y el lector solo desea que las cosas terminen bien, pero en la realidad las cosas no son tan fáciles. La esperanza, ¡qué gran arma con doble filo!
Y a eso voy, porque el contexto de la novela es muy realista. Suceden cosas malas, y los personajes sufren. Los niños necesitan aprender este tipo de cosas, porque negar la evidencia solo hará que de mayores se sientan completamente desprotegidos. Los personajes mantienen relaciones realistas, no todo se basa en un intercambio de afecto continuo; a veces hay odio, injusticia, indiferencia. Sentimientos que existen en las relaciones de amistad. El problema es que hay que mostrar lo que está mal y lo qué no, pero no tenemos que decir a los críos qué esta mal y qué no. Hay que mostrar una situación real, tal y como María Gripe hace, y que el propio niño se de cuenta de qué está mal en sobrepasar a alguien a quien respetas. También Gripe habla de arriesgar, que para mi es lo más duro de la amistad. Cuando pones todo tu corazón en manos de alguien puede que las cosas no siempre salgan bien. Aun así me parece que el mensaje concluyente de la autora es positivo, y muy bien desarrollado, porque deja claro que ambas posibilidades pueden darse y no pasa nada. No hemos fallado por perder a alguien, aunque sintamos que sí.
Es cierto que el final puede ser un poco precipitado, y que me hubiese gustado un buen épilogo para cerrar una historia tan bonita, pero como la novela me gustó tanto y las últimas páginas son tan emotivas pongo este aspecto negativo como algo bastante secundario. Todavía recuerdo como se me aceleraba el corazón en las últimas páginas, cuando sabía lo que iba a suceder y aún así....no sé, ¡no sé! ¡Estaba muy emocionada porque una persona buena iba a recibir todo el amor que siempre había deseado!
Esta una novela que se queda contigo invariablemente.
Nos vemos 💜.
portada: Laura Makabresku.

6 comentarios:

  1. Mi corazón sí acelera, sí, lo hizo desde que comencé a leer tu reseña. :') Suelo sentir una gran afinidad hacia las historias que lees y compartes. *_* No puedo decir nada más al respecto. Lo apuntaré y lo buscaré. Sé que me gustará. :)
    ¿Leeremos más reseñas sobre literatura infantil? <3

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    1. Hola, querida Diana!

      Pues me alegra mucho oír eso, porque eso quiere decir que coincidimos en algo más que literariamente ;). ¡Y este libro está muy baratito! No llega a los ocho euros (en castellano, por supuesto).

      De hecho, sí. La semana que viene habrá una reseña infantil y a la otra semana también. ¡Aquí la literatura infantil es más que bienvenida *___*!

      Un besito, bonica mía.

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  2. Vale, compro, si , así te lo digo. No la conocía y me atrae totalmente. Es más, es el tipo de novela infantil/juvenil que me parecen tan importantes como las de evasión o simple diversión. Aquellas que muestran la realidad, tanto lo bueno como lo malo, que no todo es color de rosa. Un abrazote :)

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    1. Pero seguro que encuentras algo más que diversión, un mensaje que hará darle una vuelta de tuerca a algo que pensabas. Y espero, como no, tus impresiones. ¡Qué está baratísimo, cari!

      Un besazo.

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  3. ¡Ay, un libro que sí me he leído!
    Me acuerdo de haberlo pillado de la biblioteca de mi padre, hace muchos años, y aburrida me puse a leer y me lo acabé esa misma tarde. Tengo muy buen recuerdo de la historia, aunque confieso que la tenía olvidada en mi memoria (¡ni siquiera me acordaba del título! Ni que decir, de la autora). Me han encantado tus palabras, removiendo esos sentimientos que también me surgieron cuando la leí. Como siempre, un placer leerte ;)
    ¡Un besazo!

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