domingo, 22 de enero de 2017

Una lección de humildad: El viento en los sauces

Kenneth Grahame comenzó a escribir El viento en los sauces para ayudar a su hijo a afrontar una discapacidad visual, pero por desgracia no pudo evitar que Alastair se sintiera una persona inferior al resto porque creía carecer de cualquier tipo de preparación física y emocional ante la vida, y, finalmente, el joven se quitó la vida arrojándose a las vías del tren. Este hubiese sido el hecho más trágico de la vida de los Grahame, pero Kenneth no había sido un hombre feliz antes de tener y perder a su único hijo. Había nacido en el seno de una familia rota y cuando sus abuelos decidieron recoger de la miseria al pequeño Grahame y sus hermanos para llevarlos a una casita de campo cerca del río Támesis fue cuando conoció un verdadero hogar. Asimismo, por la condición monetaria de la familia no pudo ir a la universidad, a pesar de ser un hombre inteligente y culto.
Fue muy duro adquirir consciencia de que la vida de Grahame no había sido un balde de agua caliente, no se si os ha sucedido pero a mi siempre me pasa que imagino a los escritores clásicos de cuentos infantiles con vidas que emanan una perpetua atmósfera de positivismo capaz de cegar hasta al pesimista más declarado, pero ahora ya estoy segura de que jamás volveré a pensar así. Me alegro de haber conocido la vida del señor Grahame después de leer la novela, porque así pude cerciorarme que la mente que se oculta tras esos dulces animalitos que viven allende al río y en el Bosque Salvaje es realmente hermosa. Como algunos sabréis, me gusta buscar el alma de los autores clásicos en sus textos, sobre todo disfruto buscando cuando se trata de un libro costumbrista con un tono marcadamente amable. La diferencia entre buscar el alma entre un autor que en sus juicios es más bien pesimista y un autor más afable con la existencia de los seres de este mundo es que por un tiempo consigo ver cosas de otra manera, no solo la existencia humana sino también la finalidad de la literatura. Si el alma un hombre por mucho que la vida se ensañara con él nunca dejó de ser preciosa y pura, ¿no vale la pena replantearse todo nuestro pensamiento a riesgo de decepcionarnos todavía más de este mundo?
Arthur Rackman

El viento en los sauces
 fue publicada en 1908, y aunque la critica nacional se mostró bastante reacia a calificarla como una buena obra, rápidamente adquirió fama y prestigio tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, llegando a manos del presidente Theodore Roosevelt, que tras leerla admitió que los personajes principales ya eran para él como unos viejos amigos. Con el éxito en ventas fue posible que la novela fuera ilustrada por diferentes artistas, entre los que destacan Shepard y Rackman, y que dota a la obra de un complemento pictórico más necesario. Además, El viento en los sauces fue llevada al teatro por el autor de Winny de Puh, A. A. Milne, pero muchos otros han continuado trasmitiendo la historia, ya fuera por radio, cine (Disney y otros) e incluso como telefilm. 
Kenneth Grahame presenta en su obra más afamada un elenco de animalillos parlantes en un mundo donde los hombres y los animales parecen tener el mismo grado de consciencia. En El Río vive una Rata de Agua poetisa y una Nutria simpática y acomodada, más al sur de la ribera el Sapo disfruta gastando su basta fortuna en artilugios inservibles, mientras que donde el sonido de las aguas es una quimera el Tejón disfruta de una vida solitaria en su modesta granjita. Pero la acción solo comienza cuando un humilde topito decide un buen día de primavera salir de su cueva. Hastiado de la monótona vida bajo tierra, precisa de un poco de aire fresco y de la cálida sensación del sol en su pelaje; así, pronto, formalizará una amistad con el animal más enamorado de aquel riachuelo, la Ratita de Agua. Ambos vivirán aventuras en torno a las tierras de su pequeño mundo fluvial lejos de las leyes de los hombres, y sus correrías se les unirán de vez en cuando un grupo de ratones de campo, la Nutria, el Tejón e incluso el cabeza cuadrada del Sapo.
Nunca en su vida había visto un río, ese animal de cuerpo entero, reluciente y sinuoso que, en alegre persecución, atrapaba las cosas con un gorjeo y las volvía a soltar entre risas, para lanzarse de nuevo sobre otros compañeros de juego, que se liberaban de él y acababan otra vez prisioneros en sus manos. Todo temblaba y se estremecía: centelleos y destellos y chisporroteos, susurros y remolinos, chácharas y borboteos. El Topo estaba embrujado, hechizado, fascinado” Pág. 11.
Para empezar la novela es como un iceberg, por una parte habla al lector tanto por las experiencias de sus personajes y lo que nos cuenta el narrador pero, por otra, hay bastantes cosas que nunca aclaran los personajes ni la voz cantante. En la parte del iceberg oculta lo que resulta más evidente es que no descubrimos por qué los animales viven apartados de la gente, sin necesidad de saber nada de los asuntos más allá del Bosque Salvaje o las montañas, pero cuando un personaje principal comete un delito es no es justicia animal quien decreta sentencia, sino la humana. Los humanos son, además, muy secundarios y lo único que Grahame siempre quiere que tengamos presente son sus vicios. La falsa inocencia la representa la hija del carcelero; la codicia, de la mano de la lavandera; la mentira, amiga del maquinista; la crueldad, el mazo de los representantes de las leyes y la justicia, ect. A partir de un hecho que yo considero clave en la historia el Sapo es contagiado de la corrupción del mundo humano hasta que sus mejores amigos le convencen de que su derroche, avaricia y exagerado engreimiento no son la mejor vía para ser feliz, y al final incluso Sapo acaba dándose cuenta de que la vida no está para depender tanto de las cosas materiales ni para ser un imbécil.
“—La verdad, es el mejor de todos —contestó la Rata—. Es tan sencillo, y tan cariñoso, y tiene tan buen carácter… Acaso no sea demasiado listo (no podemos ser todos genios) y es bastante vanidoso y fanfarrón. Pero tiene grandes cualidades el bueno del Sapi…” Pág. 28.
Este aspecto de la historia, como podréis suponer, me ha gustado muchísimo por cómo está plasmado. Grahame no suelta una parrafada contra el ser humano para sentirse mejor consigo mismo y así igualar la balanza porque la vida le quitó a su madre y la bebida le privo de tener una figura paterna. Sin embargo no deja de ser sincero con sus jóvenes y no tan jóvenes lectores, y cuando terminas esta novela sabes que Grahame te ha susurrado en algún punto indeterminado de la historia: “Sí, yo también pienso que personas no han sido muy buenas conmigo nunca. Pero existe un mundo, este mundo que he creado para mi hijo y para vosotros, en el que he hecho que las cosas no sean como los que me hicieron daño en el pasado les gustaría que hubiese sucedido”. Para mi el mensaje del autor, a parte del propio que da El viento en los sauces, ha sido muy importante porque no creo que de ninguna otra manera hubiese podido entender algo así a estas alturas de la vida. Me pregunto quién habría sido yo si hubiera leído este libro con la edad adecuada, con doce años, pues veo otra realidad en el que hay persona más comprensiva y razonable consigo misma y con el resto del mundo.

Los personajes son para mi el pilar fundamental de la novela, muy diferentes de lo que había previsto encontrarme. Otra cosa que siempre había creído de la literatura infantil es que los personajes son modelos arquetípicos, habiendo en todos los cuentos infantiles un tímido, un valiente, un cobarde, ect. No obstante, en esta historia por lo menos todos los personajes tienen un fondo repleto de ambiciones, miedos, deseos, y eso, a mi entender, no impide que un niño pueda disfrutar de ellos sino que, al contrario, enriquece su mundo y que con el futuro la novela adquiera nuevas lecturas. ¿Por qué pensamos que un niño no puede entender a un personaje que no sea de cartón-pluma? Topo, por ejemplo, es sencillo, racional, torpe, sin grandes inquietudes, con tendencia a tener miedo por cualquier cosa y evitar situaciones conflictivas, pero eso no impide que no tenga momentos de valentía y en los que defienda a sus amigos de cualquier mal. Rata es todo lo contrario a él, es romántica, sentimental, valiente, ha vivido mucho y aunque sus aspiraciones no sean muy grandes hay un punto de la novela en que la confrontación con ellas la vuelven cobarde y contradictoria, porque algo dentro de Rata lucha por salir, su yo más animal, y ella realmente no quiere. Sinceramente, creo que todos en mayor o menor medida infravaloramos la literatura clásica infantil tachándola de plana o inadecuada para un adulto y, aunque mi experiencia es escasa el el campo, me he dado cuenta de que es en uno de los lugares donde  podemos encontrar enseñanzas útiles para la vida adulta. Los personajes de El viento en los sauces tienen  más defectos que virtudes, si hablamos de lo no socialmente aceptado por la sociedad claro. Cualquier lector es capaz de darse cuenta de ellos, pero para mi la intención Kenneth Grahame va mucho más allá de que aprendamos de los defectos, creo que lo que pretendía es que nos diéramos cuenta de que no todos son malos, al contrario, nos enriquecen como seres humanos.
El Topo pensó que nunca había mirado tan profunda e íntimamente las cosas como en aquel día de invierno cuando la Naturaleza, sumida en su sopor anual, parecía haberse desnudado. Sotos, vallecitos, presas y todos los lugares escondidos que habían sido las minas misteriosas que ellos exploraban en los frondosos veranos ahora mostraban tristemente todos sus secretos, y parecían pedirle que se olvidase de aquella raída pobreza hasta que pudieran alborotar de nuevo en un intenso carnaval, y atraerlo y seducirlo con los viejos engaños.” Pag. 45.  [Me está costando no poner páginas enteras...]
La humildad de todos los personajes es para mi el mensaje en la obra más importante, incluso el personaje que más se aleja de la humildad, Sapo, se reconcilia al final de la novela con ella en todos los aspectos. Es maravilloso sentir como, de alguna forma, lo único que merece la pena buscar para nuestras respectivas existencias es una vida sencilla, lejos del mundanal ruido, y enriquecer nuestra alma en el lugar que elijamos como morada. No es la primera novela que leo que trasmite este mensaje, pero seguramente sea la historia que más me ha emocionado al hallarlo. Obviamente hay otros mensajes tales como la perseverancia, camaraderia, buena vecindad, ect., y qué queréis que os diga, todos son muy necesarios (incluido su regusto a siglo XIX que tanto parece disgustar a los lectores de este siglo). 
 Harry Hargreaves

En la novela también hay una parte mitológica muy lograda que se aleja bastante de la literatura infantil convencional, llegando a un nivel narrativo equiparable al gran escritor británico coetáneo a Grahame, Arthur Machen. No quiero mojarme más de lo debidamente apropiado pero siento que la obra tiene bastantes influencias de Machen, ya que incluso hay escenas que recuerdan a esa forma que tiene el autor de ver la vida: pausada, idealizada pero no en exceso y hermosamente monótona en la que de pronto irrumpe la fantasía sacada de siglos y siglos de imaginario transmitido de manera oral.
Pero el Topo se quedó un momento perdido en sus pensamientos, como quien, despertándose bruscamente de un sueño maravilloso, intenta recordarlo y sólo consigue captar un vago sentido de su belleza. ¡Su belleza! Hasta que incluso aquello se desvanece, y el soñador tiene que aceptar amargamente el duro y frío despertar” Pag. 124.
Por último, no puedo dejar de mencionar lo lograda que está la ambientación, el rico y florido lenguaje que emplea el autor para recrear ese pequeño cosmos en el que nuestros amiguitos viven en paz y libertad. Grahame transmite en cada bucólica y lírica descripción la personalidad de un hombre culto interesado por los aspectos más insignificantes de la naturaleza y capaz de hallar la belleza suficiente como para dejar al lector extasiado.
Destartalado, pequeño y con pocos muebles, y sin embargo era suyo, era su hogar, que él mismo se había construido, y que tanto placer le proporcionaba tras un día de trabajo. Y por lo que veía, también a la casa le había gustado su compañía, y ahora le echaba de menos y le estaba pidiendo que volviera, con tristeza y con reproches, pero sin amargura ni enojo” Pág. 80.
Por todo esto, sea cual sea la edad que tengas querido lector, lee este maravilloso clásico británico.
Nos vemos💜.
Portada: David Roberts.

5 comentarios:

  1. Hola :) Como sabes me gusta la literatura infantil. La adoro. Y si, soy un pecador, este es uno de esos puntales de los que siempre escuchas hablar y que sin saber el motivo nunca llegas a él. Gracias, gracias por esta reseña, por recordarmelo, por transmitirme unas ansias terribles de leer. Creo que no le podré sacar tanto jugo como tu, mi mente no es tan especial y mágica como la tuya, pero se que será una gran lectura e importante, sobre todo. Un abrazo^^

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    1. La verdad es que yo no tenía pensado leer este clásico en estos momentos. De hecho no tenía ni pensado leer literatura infantil este año, pero a finales de 2016 me pegó un chungo y mira, que ahora quiero leer toda la literatura infantil clásica. Este tipo de libros me hacen feliz, pero feliz de verdad, y creo que a más gente podría hacerles feliz. Sigo preguntándome porque no puedo vivir en un mundo como el de El viento en los sauces, en realidad no es difícil alejarte de este mundo moderno pero siempre está el miedo implantado hacia ciertas cosas que no queremos perder, y que en realidad no vamos a perder.

      ¡Uf, pues yo quería sacar más jugo! Con la relectura si eso, en serio es que esta novela da para disertación filosófica.
      Un besito <3.

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  2. Me sonaba el título y no sabía de qué. Ahora ya no me sonará más y lo iré buscando allá donde vaya.
    Mágica, como ha dicho Daniel. <3

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    1. A mi también me sonaba mucho antes de leerlo, seguramente veríamos alguna peli o alguna adaptación de El viento en los sauces. Es un clásico que ha calado hondo en el siglo XX y XXI, pero esta perdiendo injustamente visibilidad.
      Aish, bonica.
      Un besico <3.

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  3. No conocía este libro (que raro xD), así que gracias una vez más por traernos joyitas, como dice Mangrii arriba, adoro la literatura infantil, últimamente no he leído mucho pero tengo por ahí unos cuantos esperando a ser devorados.
    Me ha encantado lo que transmites con la reseña, porque me transportaste ahí aunque no lo haya leído. Eso sí, ahora tengo muchísimas ganas de hacerlo.
    Besitos.

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