domingo, 19 de febrero de 2017

Tres novelas de H. G. Wells

Siendo franca, estoy realmente sorprendida de la rapidez con la que mengua mi pila de libros del pequeño propósito que decidí llevar a cabo durante 2017. En esta ocasión dejo a Edgar Allan Poe criando malvas por el continente austral para traer mis humildes comentarios sobre tres de las cinco novelas más afamadas del británico H. G. Wells: La Máquina del TiempoLa isla del doctor Moreau y, como no, El hombre invisible.

Empezamos por La Máquina del Tiempo (1895), una relectura muy esperada. Yo ya había leído esta novelilla de H. G. Wells a finales de 2014 sin enterarme de casi nada, si bien es cierto que la obra amenizó un par de clases de filosofía cuando ocultaba mi ejemplar tras el librillo de Platón.
Por si alguien no conoce las líneas generales La Máquina del Tiempo, trata sobre los viajes de un caballero a través del futuro de la humanidad. En una de esas visitas llega a conocer una humanidad muy distinta a la que él había preconcebido, seres enanos de con una consciencia mínima que viven imbuidos de una artificial atmósfera hedonista y pacífica. Pero bajo ese manto de vulgar inocencia viven unos seres un poco más perspicaces, corrompidos por el odio y la hambruna, errantes bajo el manto terrestre hasta la caída del sol.
Leer esta obra dos años después ha supuesto reencontrarme con ideas que  no entendí  en 2014 y que, ahora, me parecieron tan sencillas de comprender que en más de una ocasión despertaron una sonrisa nostálgica. A mi parecer esta novela de Wells contiene muchas virtudes, es indiscutible que La Maquina del Tiempo rebosa de entusiasmo por descubrir, crear o dar un nuevo enfoque a la existencia humana; aspectos que en gran medida han desaparecido en este siglo. 
El enfoque de la historia junto con la fuerza creadora que impulsó a Wells a escribir La Máquina del Tiempo no tiene como objetivo ofrecer un alegato optimista respecto a la humanidad. De hecho, Wells no concluye de forma positiva ninguna de las novelas que he leído hasta ahora de él. El positivismo es un invento de Occidente gestado durante la segunda mitad del siglo XX y parte del XXI para hacernos creer que los finales felices son metas alcanzables.
Es cierto que si se analiza La Máquina del Tiempo desde mi perspectiva, una prosaica lectora del 2017, se nota que ha envejecido y le han salido bastantes canas, pero la repercusión que tuvo y sigue teniendo en la literatura, y la honda influencia en autores posteriores (Olaf Stapledon; La última y la primera humanidad) me incapacitan para puntuarla negativamente, además de que está el hecho de que yo la he disfrutado bastante. Puede que como puntos negativos debamos destacar el ritmo desigual y los personajes de cartón-pluma, esbozados de manera muy vaga, pues ello dificulta en gran medida que el lector pueda implicarse en gran medida en el conflicto principal. No es un aspecto que llegue a molestar demasiado, aunque claro, todo depende de qué busque el lector de la historia, en mi caso al ser una relectura sabía perfectamente lo que deseaba encontrar.
Todos los ruidos humanos, el balido del rebaño, los gritos de los pájaros, el zumbido de los insectos, el bullicio que forma el fondo de nuestras vidas, todo eso había desaparecido. Cuando las tinieblas se adensaron, los copos remolineantes cayeron más abundantes, danzando ante mis ojos. Al final, rápidamente, uno tras otro, los blancos picachos de las lejanas colinas se desvanecieron en la obscuridad. La brisa se convirtió en un viento quejumbroso. Vi la negra sombra central del eclipse difundirse hacia mí. En otro momento sólo las pálidas estrellas fueron visibles. Todo lo demás estaba sumido en las tinieblas” Pág. 112.
Desde luego, La Máquina del Tiempo no es una obra que deba compararse a lo que se escribe actualmente en el género de la ciencia ficción, al menos eso es lo que pienso yó. Precisamente lo que más me gusta de la novela es que ha cumplido con el humilde y franco objetivo por lo que fue escrita: hacer que el lector deje de lado todo lo que ha creído hasta ese momento, e imagine. 
Ya como últimos apuntes sobre el texto recuerdo al lector que Wells cuando escribió La Máquina del Tiempo no pretendía crear una novela ciencia ficción, reitero que ese termino ni siquiera había sido inventado cuando el caballero puso punto y final a su historia; como novela científica o de anticipación despierta el “sense of wonder”, y yo no le pido más en ese aspecto. Gracias señor Wells por construir una historia increíble incluso llevando ese horrible bigote, que para mi es una prueba indiscutible de una creciente y preocupante falta de principios morales.
Pasamos a la última novela que leí de Wells, que es La isla del doctor Moreau (1896) si seguimos el orden de publicación original. La novela se inicia con el naufragio del buque Lady Vain en el que Edward Pendick viaja con intención de realizar investigaciones científicas en el sur. Es rescatado, ya a punto de morir de hambre y sed,  por una goleta propiedad de un capitán borracho y pendenciero que asegura que el hombre que ha salvado la vida a Pendick, un tal Montgomery, le ha arruinado su medio de vida. Cuando la goleta llega a una isla de los mares del sur el capitán abandona a Pendick a suerte, pero la compasión de Montgomery por el supervivente del Lady Vain lo lleva a tomar la decisión de traerle a la isla en la que vive junto al extraño doctor Moreau. A partir de entonces Pendick será testigo de las más grandes y terribles visiones grotescas, la oscura traslación a la realidad de la imaginativa amoralidad de un hombre de ciencias.
Interesante novela y propuesta, pero en el conjunto deja una sensación agridulce causada por la falta de ritmo de la primera parte. Hay escenas brillantes por las sensaciones sugeridas, como es el momento en el que Pendick corre por la orilla del mar seguido de un animal; es ciertamente de las escenas más tensas e incómodas que he leído en mucho tiempo, pero si reflexionamos sobre su finalidad no aporta gran cosa a la trama. Su única función es generar tensión, una sensación que ya había sido recreada con anterioridad mediante la atmósfera que imbuye la isla. A La isla del doctor Moreau le hubiesen podido recortar treinta páginas yendo al quid de la cuestión en vez de pararse en un par de teorías sin ningún fin, y tengo la sensación de que, de haber obrado así, el elemento científico hubiese resultado más impactante. También he de decir que a nivel personal el elemento “científico” no me acabó de convencer demasiado, incluso ahora sigo viéndolo desfasado, inverosímil y artificial, que unido a la difusa estructura de La Isla del doctor Moreau provoca en lector una falta de implicación en la narración bastante importante.
Dedico los días a la lectura y a los experimentos de química, y paso muchas noches claras en el laboratorio de astronomía. El brillo de las estrellas me produce, aunque no sepa cómo ni por qué, una sensación de paz y seguridad infinitas. Creo que es allí, en las vastas y eternas leyes de la materia, y no en las preocupaciones, en los pecados y en los problemas cotidianos de los hombres, donde lo que en nosotros pueda haber de superior al animal debe buscar el sosiego y la esperanza. Sin esa ilusión no podría vivir” Pág. 131.
Pero que eso no mengue vuestras ganas de adentraros en la historia, pues los aspectos estéticos y la generación de sensaciones son sobresalientes. Además se percibe que H. G. Wells empezaba a mejorar su narración porque los personajes ya no son arquetípicos, llevan a cabo actos con matices blancos o negros, todo se torna más subjetivo, el lector puede reflexionar mucho más sobre las decisiones de los personajes. ¡Da que pensar el por qué Montgomery se comporta con esas criaturas así, y lleva al lector a que indague en el pensamiento de los personajes introduciendo algunas nociones básicas de filosofía! La reflexión final, sacada de la mente de un materialista, cierra como buenamente puede puede una extraña historia con sus más y sus menos que se deja apreciar un poco más tras dejarla reposar.

Por último añado mi breve comentario sobre El hombre invisible (1897), que es la novela de Wells que más me ha gustado hasta la fecha. Como la película de ciencia ficción de serie B que adoras hasta la saciedad pero que poca gente sabe apreciarla como se merece, El hombre invisible es mi I married a monster from outer space. La novela, con una trama en realidad bastante sencilla con su consiguiente (y logrado) flash-back, cuenta la historia de un hombre que tras una serie de experimentos logra hacerse invisible y, como buen humano que se precie, ejerce allá por donde pasa el poder destructivo del que le ha dotado la invisibilidad y amoralidad.
En esta ocasión tenemos una novela científica con una ejecución sobresaliente de principio a fin en la que Wells ha dejado atrás los grandes defectos de sus anteriores novelas para regalarnos una narración deliciosa, excepcional; preciosa. El ritmo de esta novela está mucho más equilibrado, contiene partes con más acción y otras más introspectivas, y el resultado es casi ideal. El problema que veníamos comentando de Wells con los personajes, siempre con esa tendencia a quedar planos (la trama nunca demanda un ejercicio más introspectivo, por lo que tampoco debemos montar un drama al respecto) en este caso desaparecen con el protagonista, es decir, el hombre invisible. Griffin me parece un personaje logrado y con relativa profundidad,  un gran científico endurecido no solo por su condición de invisibilidad, la cual le ha llevado a sufrir toda clase de miserias y vejaciones. Existen razones de peso por las cuales Griffin se convierte en un auténtico científico chiflado más allá de la ingestión de productos nocivos en su afán por ser invisible, y me refiero a su contexto familiar para ser más exactos. La habitación rentada durante sus investigaciones es el único lugar en el que se siente cobijado. La realidad le hastía, el amor romántico es un mito al que solo le dedica un comentario cínico en toda la novela; es normal, yo también comprendo su visión de las cosas.
El elemento científico es el más logrado de las tres novelas, sabemos que no es posible la invisibilidad, sin embargo, en la exposición de la idea Wells resulta tan brillante que podemos llegar creer en ello. De nuevo aparece el  “sense of wonder”, y la imaginación emprende el vuelo sin dificultad, no tiene la necesidad de hallar corrientes de aire que la ayuden a mantenerse en el cielo...hasta el fin de la eternidad.
Esta carta anuncia el primer día de Terror. Dile a tu coronel de policía y al resto de la gente que Port Burdock ya no está bajo el mandato de la Reina. Ahora está bajo mi mandato, ¡el del Terror! Éste es el primer día del primer año de una nueva época: el Período del Hombre Invisible. Yo soy El Hombre Invisible I.” Pág. 133.
¡Pobre Griffin! Buscas una razón para volver a ser visible y al mismo tiempo necesitas dominar un mundo de necios y paletos que se horrorizan por cualquier cosa. Llega a ser tan exagerada esta faceta de todos los personajes secundarios que no puedes evitar preguntarte si Wells lo hizo queriendo, y si lo que pretendía era burlarse de una especie que ya de por si provoca risa su mera existencia.
Por último os comento que El hombre invisible cuenta con una adaptación de 1933 bastante decente aunque no excesivamente memorable. Lo mejor de ésta es el principio cargado de tensión en la posada The Lion's Head y, como no, el silencio de Claude Rains en la cama de hospital. Es el duelo que guarda un hombre que ha sido vencido por la brutalidad de una civilización que camina entre las estrellas y otros cuerpos, tal vez vivos o tal vez muertos, iluminada tan solo por una tenue luz de gas.
Nos vemos.

9 comentarios:

  1. HOla
    Pedazo de reseña currada, eso lo primero. Lo segundo, me ha encantado. La verdad es que las reseñas que he leído hasta ahora de alguna obra de Wells se mojan bastante poco o nada, así que ha sido una alegría por lo menos tener una opinión sincera y diferente.
    Creo que a Wells hay que tomarselo un poco como cuando lees a Julio Verne. El escribía ciencia ficción, pero para nosotros es novela de aventuras, porque todos los chismes y aparatos de los que hablan estan casi todos o todos inventados.
    Hacemo mucho que quiero leer a Wells y de las tres hombras que has reseñado, me llaman más la atención La máquina del tiempo y el HOmbre invisible, asi que me los apunto para leer.
    Un saludo

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    1. Aquí no hay preferencias ni con los muertos, jaja (véase mi anterior reseña). Me alegro de que te haya gustado, querida, y espero que te animes a conocer al señor Griffin <3
      Un besito.

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  2. Hola cuqui <3 Creo que son las tres novelas de Wells que más me interesan junto con La guerra de los mundos. Ahora me has dado ganas de ponerme con los deberos, pero aish, la tiranía de las novedades acaba conmigo. Un abrazo^^

    PD: Adoro estas entradas en las que me entran ganas de hacer mis deberes lectores por estas reseñas tan geniales que haces.

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    1. La guerra de los mundos la leeré próximamente, casi hago una entrada de las cuatro novelas pero se me ha ocurrido una idea interesante con ella. Dolo digo que Orson Wells me ha inspirado a ello.

      Vengaaaaaaaaa, que te pongo negativo.

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  3. No he leído ninguno de los tres, sólo La guerra de los mundos hace unos años. Y leyendo tu reseña, algunos detalles que comentas recuerdo que los tiene La guerra de los mundos, como lo de los personajes y el final que no me dejó totalmente satisfecha. Ahora me ha dado muchas ganas de ponerme con El hombre invisible, pinta muy bien. Y luego, seguro caerán más de este autor.

    P.D. me hizo mucha gracia tu comentario sobre el bigote, principalmente, porque estoy muy de acuerdo contigo xDDD

    Besitos.

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    1. En serio, le tengo unas ganas a La guerra de los mundos bestiales. Es que ya solo con la cita con la que Wells da inicio a la pieza es para enmarcarla y hacerle unos rezos.
      Espero que te animes a leer El hombre invisible, fetén.
      P.D.: Plataforma para erradicar los bigotes de la tierra.

      Un abrazo muy fuerte.

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  4. Eres la caña escribiendo reseñas, Querida!
    De Wells creo recordar haber leído sólo La Guerra de los mundos (so classic, I know) y me gustó Un montón!(si no la has leído recomiendo 100%...
    En pendientes tenía La máquina del tiempo y El hombre invisible, (con los comentarios de este último has despertado mis ganas absolutas de leerlo en breve!!!)
    La Isla del Doctor Moreau, vi la película en el año la nana, y meeh, tampoco hizo mucha mella en mí porque no la recuerdo apenas, no es una historia que me llame especialmente...
    Además Carla me envió un Amazing Stories muy chulo con relatos de este señor así que creo que el universo conspira para que vuelva a él...
    Con respecto al tema bigotes, estoy contigo, tampoco soy pro-moustache, sin embargo soy muy fan de las barbas! *guiño-guiño; codo-codo*
    Un achuchón grande! ^^

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    1. Te envidio por tener el Amazing Stories ese, en serio es taaaan precioso <3.
      Pues que conspire porque en serio, es un autor que da pereza leerle pero cuando te metes yo por lo menos me leería todas las novelas que tiene publicadas en español.
      Ya sabes que a mi me gustan con la cara bien afeitadita y que huela al aftershave ese, que es el olor del caballero (?).

      Un besito <3

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  5. ¡Hola!
    De las tres novelas solamente he leído una, 'El hombre invisible', aunque espero leer en algún momento las otras dos. No sé cual será el próximo libro que lea del autor, la verdad, aunque tengo que reconocer que tengo muchas ganas de leer 'El país de los ciegos' y 'La puerta en el muro'.
    En cuanto a 'El hombre invisible' también es el que más me ha gustado del autor, aunque solo he leído dos de sus novelas, este y 'La guerra de los mundos'. Coincido contigo, sabemos que la invisibilidad no es posible pero el autor nos convence de que si lo es. No he visto la adaptación y no descarto hacerlo en un futuro.
    Un beso

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